DETENER EL CAMBIO CLIMÁTICO – COPENHAGUE DICIEMBRE 2009   Leave a comment

FRENTE A UNA GRAVE EMERGENCIA

Con motivo de la Cumbre de Copenhague, hoy, 7 de diciembre de 2009, porque la humanidad se enfrenta a una grave situación de emergencia, 56 periódicos de 45 países han decidido publicar un editorial común: “Frente a una grave emergencia”.

Si no nos unimos para emprender acciones decisivas, el cambio climático causará estragos en nuestro planeta. Desde hace una generación, los peligros son evidentes, los hechos hablan por sí solos. Las estadísticas muestran que la última década ha sido más cálida que las precedentes. El Casquete Polar Ártico se está derritiendo, un anticipo del caos climatológico que se avecina. Urge determinar cuánto tiempo nos queda para poder reducir las consecuencias del cambio climático.

El cambio climático se ha ido produciendo durante siglos, pero sus consecuencias persistirán indefinidamente. Nuestras posibilidades de controlarlo la van a decidir, los próximos 14 días, los representantes de los 192 países reunidos en Copenhague. El cambio climático nos afecta a todos, y entre todos debemos resolverlo. Esto no es una lucha entre el mundo rico y el mundo pobre, ni entre Oriente y Occidente.

La base científica es compleja pero los datos son elocuentes. Tenemos que tomar medidas globales para limitar el ascenso de la temperatura a 2 grados centígrados. Para lograrlo, en la próxima década, deben reducirse las emisiones de dióxido de carbono. Una subida de más de 3 o 4 grados centígrados secaría los continentes y convertiría tierras fértiles en desiertos: se extinguirían la mitad las especies de fauna y flora, millones de personas se verían desplazadas y el mar inundaría grandes territorios.

Dudamos de que pueda salir de Copenhague un tratado perfectamente definido. La llegada de Obama a la Casa Blanca ha cambiado la política de obstruccionismo de Estados Unidos. En Copenhague, los políticos deben ponerse de acuerdo en los elementos esenciales de un acuerdo justo y eficaz y, sobre todo, en un calendario firme para que ese acuerdo se convierta en tratado.

El núcleo del acuerdo debe ser un pacto entre los países ricos y los países en vías de desarrollo que aborde cómo se va a repartir la carga de luchar contra el cambio climático y cómo vamos a compartir algo que ahora es muy valioso: el billón aproximado de toneladas de carbono que podemos emitir antes de que el mercurio ascienda a niveles peligrosos.

El mundo rico es responsable de las tres cuartas partes del dióxido de carbono emitido desde 1850. Ahora tiene el deber de tomar la iniciativa. Cada país desarrollado debe comprometerse a disminuir, de aquí a 10 años, sus emisiones a un nivel muy inferior al de 1990.

Los países en vías de desarrollo no son los causantes del grueso del problema, las regiones más pobres del mundo van a ser las más afectadas. Pero van a contribuir cada vez más al calentamiento. Por consiguiente, también ellos deben comprometerse a emprender acciones significativas y cuantificables. Son esperanzadores, los recientes compromisos de los dos mayores contaminantes del mundo, Estados Unidos y China.

La justicia social exige que el mundo industrializado se comprometa a ayudar económicamente a los países más pobres a adaptarse al cambio climático. También a suministrarles tecnologías limpias que les permitan tener un crecimiento económico sin aumentar sus emisiones. Además es preciso fijar el marco de referencia de un futuro tratado, que con una rigurosa vigilancia multilateral, garantice recompensas justas a cambio de la protección de los bosques. Las cargas deben repartirse de forma más equitativa entre quienes fabrican productos contaminantes y quienes los consumen. La justicia exige también que la carga que corresponda a cada país desarrollado tenga en cuenta su capacidad de soportarla; por ejemplo, los nuevos miembros de la UE, generalmente más pobres que los de "la vieja Europa", no deben sufrir más que sus socios más ricos. El precio del cambio de paradigma será alto, pero muy inferior al que hemos pagado por rescatar al sector financiero, y mucho menos costoso que las consecuencias de no hacer nada.

Muchos de nosotros, sobre todo en los países desarrollados, tendremos que cambiar nuestro estilo de vida. Tendremos que comprar, comer y viajar de forma más inteligente. Tendremos que pagar más por nuestra energía y utilizarla menos.

Pero el paso a una sociedad que emita poco carbono ofrece la perspectiva de más oportunidades que sacrificios. Ya hay algunos países que han reconocido que hacer esa transformación puede aportar crecimiento, puestos de trabajo y mejor calidad de vida. El flujo de capitales es un dato significativo: el año pasado, por primera vez, se invirtió más en formas renovables de energía que en producir electricidad a partir de combustibles fósiles.

Para librarnos de nuestra adicción al carbono en sólo unas décadas serán necesarias proezas de ingeniería e innovación comparables a las más grandes de nuestra historia. Pero, mientras que la llegada del hombre a la Luna o la división del átomo surgieron del conflicto y la rivalidad, la carrera del carbono debe nacer de un esfuerzo de colaboración para lograr la salvación colectiva.

La victoria sobre el cambio climático exigirá un triunfo del optimismo sobre el pesimismo, de la visión de futuro sobre la estrechez de miras, de lo que Abraham Lincoln llamó "los ángeles buenos de nuestra naturaleza".

Ése es el ánimo con el que periódicos de todo el mundo hemos firmado conjuntamente este editorial. Si nosotros, con puntos de vista nacionales y políticos tan diferentes, podemos ponernos de acuerdo sobre lo que hay que hacer, seguro que nuestros dirigentes también son capaces de hacerlo.

Los políticos presentes en Copenhague tienen el poder de determinar cómo nos juzgará la historia: una generación que vio un reto y le hizo frente, o una tan estúpida que vio el desastre pero no hizo nada para evitarlo. Les rogamos que tomen la decisión acertada.

Nota

Este artículo lo suscriben los siguientes periódicos: Süddeutsche Zeitung (Alemania), Gazeta Wyborcza (Polonia), Der Standard (Austria), Delo (Eslovenia), Vecer (Eslovenia) Zimbabue Botsuana (Suráfrica) (Suráfrica), Dagbladet Information (Dinamarca), Politiken (Dinamarca), Dagbladet (Noruega), The Guardian (Reino Unido), Le Monde (Francia), Libération (Francia), La Repubblica (Italia), EL PAÍS (España), De Volkskrant (Holanda), Kathimerini (Grecia), Publico (Portugal), Hurriyet (Turquía), Novaya Gazeta (Rusia), Irish Times (Irlanda), Le Temps (Suiza), Economic Observer (China), Southern Metropolitan (China), CommonWealth Magazine (Taiwan), Joongang Ilbo (Corea del Sur), Tuoitre (Vietnam), Brunei Times (Brunei), Jakarta Globe (Indonesia), Cambodia Daily (Camboya), The Hindu (India), The Daily Star (Bangladesh), The News (Pakistán), The Daily Times (Pakistán), Gulf News (Dubai), An Nahar (Líbano), Arabic Gulf Times (Qatar), Maariv (Israel), The Star (Kenia), Daily Monitor (Uganda), The New Vision (Uganda), Zimbabwe Independent (Zimbabue), The New Times (Ruanda), The Citizen (Tanzania), Al Shorouk (Egipto), Botswana Guardian (Botsuana), Mail & Guardian (Suráfrica), Business Day (Suráfrica), Cape Argus (Suráfrica),Toronto Star (Canadá), Miami Herald (EE UU), El Nuevo Herald (EE UU), Jamaica Observer (Jamaica), La Brújula Semanal (Nicaragua), El Universal (México), Zero Hora (Brasil), Diario Catarinense (Brasil), Diaro Clarín (Argentina).

Créditos

Traducción, María Luisa Rodríguez Tapia. Adaptación, Andrés Magaña García.

Enlaces

http://es.cop15.dk/

http://www.google.com/landing/cop15/

http://unfccc.int/portal_espanol/items/3093.php

http://www.youtube.com/watch?v=LSX85ahqfOI&feature=player_embedded

http://www.youtube.com/watch?v=qWSsZR4r_h0&feature=player_embedded

http://www.youtube.com/cop15

http://www.cambio-climatico.com/

http://www.la-moncloa.es/Presidente/Discursodeinvestidura/Cambioclimaticoyenergia.htm

http://www.mma.es/portal/secciones/cambio_climatico/

Etiquetas

cambio_climatico

Publicado 8 diciembre, 2009 por Andrés Magaña García en Sin categoría

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