Los Jardínes Históricos del Real Sitio del Escorial (Autor: José Miguel Morales Folguera, Historia del Arte, Universidad de Málaga)   Leave a comment

Los jardines son el adecuado complemento a la severidad arquitectónica del Monasterio, definidos por Sigüenza como la cosa más alegre de esta fábrica, para unos y para otros, porque bien bajen a ellos los religiosos y otras personas de la Casa Real, se paseen y cojan flores en el verano o gocen del sol en el invierno, bien se miren desde las celdas o aposentos que caen encima de ellos…son un alivio grande para el alma, despiertan la contemplación y hacen levantar a la hermosura del cielo el pensamiento.

A pesar de que en el siglo XVIII los setos de flores fueron sustituidos por los setos de boj actuales, son los jardines renacentistas españoles menos mixtificados, pues carecen del arbolado que en otros casos impiden ver los juegos de las perspectivas y las formas geométricas de los cuadros de vegetación baja.

Los jardines del Monasterio son dos en la actualidad: el del claustro de los Evangelistas, situado en el centro de la zona dedicada al Monasterio propiamente dicho de los frailes agustinos, y los jardines exteriores situados en los lados sur y este del conjunto arquitectónico.

El Claustro de los Evangelistas basa su configuración en el modelo de los claustros medievales con una construcción en el centro, cuatro ríos o estanques, y el resto del espacio dedicado a jardines. En esta ocasión en el centro se sitúa el monumental templete realizado por Juan de Herrera, derivado del templete de San Pietro in Montorio realizado por Bramante en el barrio romano del Gianicolo. En cada una de la esquinas se hallan las estatuas de los cuatros evangelistas con sus correspondientes atributos, de los que mana el agua que llena cuatro estanques, que simbolizan los cuatro ríos del Paraíso. A su alrededor hay un jardín formado por doce cuadros de setos con decoración geométrica en su interior.

Fray José de Sigüenza, bibliotecario del Monasterio, describía de esta forma el jardín: hay un hermoso jardín, partido en diez y seis cuadros; los doce son de flores y verduras, que hacen diversas labores, y tan frescos y hermosos en todo el año, que no hay mes ninguno, no tan apretado del frío, ni tan pasado del calor, en que no se hagan en él muchos y muy graciosos ramilletes de sus flores, que se llevan a los Reyes y se ponen en los altares; cada uno de estos cuadros tienen 30 pies por sus lados, porque no piensen que son pequeños, de suerte que, en contorno tiene cada uno 120 pies; los otro cuatro sirven de estanques, que están siempre llenos de agua para el riego y para la hermosura: estos son de mármol pardo variado, con sus vetas harto graciosas; por el derredor tiene cada uno dos gradas de lo mismo, y ellos por sus paredes o antepechos, con sus compartimentos y pilastras o términos; en medio de estos cuatro estanques, donde se cruzan las dos principales calles de estos cuadros que reparten el jardín, se levanta una hermosa fuente, no se si la llamo bien así; no es fuente, sino como un templo o cimborrio, en forma cuadrada, aunque, por cortarle las esquinas, es ochavado…Imaginé este claustro como un místico paraíso terreno, y que de él, como de aquel que plantó Dios, salían cuatro fuentes o ríos que regaban toda la tierra, y mirando ahora el mundo con sus cuatro partes, Asia, África, Europa y la nueva América, hallaba que en todas, debajo del nombre e imperio del Rey Felipe II, se predica la ley divina y Evangelio de Cristo..

Los Jardines exteriores forman una escuadra continua a lo largo de los costados sur y este del Monasterio, siguiendo un eje central axial, que atraviesa las unidades menores formadas por cuatro cuadros de setos centralizados por estanques bajos de piedra con surtidores en forma de piñas. Aunque estos jardines exteriores forman una unidad formal, están estructurados en tres zonas: el Jardín de Convalecientes, el Jardín de los Frailes y el Jardín Real.

El Jardín de Convalecientes debe su nombre a la ubicación en esa zona de la botica del Monasterio y los enfermos convalecientes, que se recuperaban en esa zona de sus enfermedades. Está formado por un patio en forma de ele, con los otros dos lados abiertos al paisaje y al Jardín de los Frailes. Al otro lado del jardín, en una zona más baja, se halla el estanque que riega la huerta ubicada en un nivel inferior. En su frente hay un muro horadado por hornacinas y por medio de escaleras se accede a la huerta. En esta obra intervino Francisco de Mora.

El Jardín de los Frailes que rodea por dos lados las habitaciones de los frailes, de donde le viene su nombre, está formado en la actualidad por cuadros de setos de boj con formas geométricas en su interior similares a las del claustro de los Evangelistas. Hasta el siglo XVIII estos setos eran de flores.

El Jardín de la Reina rodea los aposentos dedicados a la familia real, que se hallan en torno a la cabecera de la iglesia. Aunque están formados también por cuadrados de setos iguales a los del Jardín de los Frailes, están separados de ellos por un muro alto de piedra con puertas y ventanas, que recuerdan por su tipología a los jardines secretos italianos.

Por debajo de este jardín y abierto también al paisaje como el resto de los jardines se sitúa laHuerta, que se encuentra en un nivel inferior, que era grande, repartida por sus calles y cuarteles; en unos hay árboles; en otros hortalizas. Está completamente cerrado por un muro, en el que se abren cuatro puertas de orden toscano.

Fray José de Sigüenza describe de esta manera este jardín: La plaza que hace encima este terraplén, que como digo tiene 100 pies de ancho, está toda llena de jardines y fuentes, como dicen que en otro tiempo estuvieron sobre los muros de Babilonia aquellos que llamaron huertos pensiles. Vense aquí infinita variedad de plantas, arbustos y yerbas, que dan gran copia de flores tanto en invierno como en verano. Están repartidas en estas dos plazas doce fuentes; en el contorno de cada una hay cuatro cuadros de flores, haciendo artificiosos y galanos compartimentos, que mirados de lo alto de las ventanas, como dejan por una y otra banda paseaderos anchos, y ellos tienen sembrados por la verdura tan varios colores de flores, blancas, azules, amarillas, coloradas, encarnadas y de otras agradables mezclas, y están tan bien compartidos, parecen unas alfombras finas, traídas de Turquía, del Cairo o Damasco. En medio de cada pila o fuente, una piña de piedra berroqueña; de allí, con la fuerza del pujo, sale un chorro de agua que parece un penacho de cristal. Por las paredes, desde las rejas de las cantinas abajo, están hechos unos enrejados o celosías de madera; por entre ellos, ingeridos, rosales, ligustres, mosquetas, jazmines, madreselvas, aún lo que muchos no creen, naranjos y limones; que gozamos de sus flores y de sus frutos, a pesar de los fríos sabonios y cierzos de la sierra. Entre estas fuentes y compartimentos de los jardines están doce escaleras de piedra, con sus antepechos bien labrados, por donde se baja a la huerta y a un bosquecillo que está frontero a los aposentos del Rey; se hace en medio de la escalera un descanso o mesa, y en ella, de cada lado, un nicho con su asiento; van las escaleras pareadas de dos en dos, y cuando se juntan en lo bajo, se hacen unas grutas a manera de basílicas, con sus pilastras o nichos, y tan bien correspondido todo y bien labrado como si fuera para una iglesia; por una puerta común a entrambas se sale a la huerta, y así hay tres puertas, que son tres nichos de este terraplén en el paño de Mediodía, y tres en el de Oriente, y a cada uno responden también, en la fachada donde está el enrejado, otras tres puertas que llaman hurtadas o falsas. De suerte que ni aun en eso, hay cosa sin acuerdo y sin su razón. Son estos jardines y fuentes y cuanto en ellos hay, la cosa más alegre de toda esta fábrica para unos y para otros; porque, bien bajan a ellos los religiosos y otras personas de la Casa Real, se paseen y cojan flores en el verano, o gocen del sol en el invierno, bien se miren desde las celdas o aposentos que caen encima de ellos, que es lo más y mejor que se habita en la casa.

BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA:

AÑÓN, Carmen, LUENGO, Mónica, LUENGO, Ana (1995), Jardines artísticos de España, Madrid, Espasa Calpe.

GARCÍA TAPIA, Nicolás(1990), Ingeniería y arquitectura en el Renacimiento español, Universidad de Valladolid.

MILLARES ESCOBIO, Coro (coord.)(1998), Felipe II el rey íntimo. Jardín y naturaleza en el siglo XVI, Catálogo de la Exposición celebrada en el Palacio del Real Sitio de Aranjuez, 23 de septiembre al 23 de noviembre de 1998, Madrid, Patrimonio Nacional.

MARTINEZ SHAW, Carlos y ALFONSO MOLA, Marina (edit.)(1999), Arte y saber. La cultura en tiempos de Felipe III y Felipe IV, Catálogo de la Exposición celebrada en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, Madrid, Ministerio de Educación y Cultura.

PONZ, Antonio(1787), Viaje de España, Madrid.

RABANAL YUS, Aurora (1989), Los jardines del Renacimiento y el Barroco en España, en Jardines del Renacimiento y el Barroco, Wilfried HANSMANN, Madrid, Nerea.

SIGÜENZA, Fray José de, Historia primitiva y exacta del Monasterio del Escorial, escrita el siglo XVI por el Padre Fray José de Sigüenza, Bibliotecario del Monasterio y Primer Historiador de Felipe II, arreglada por D. Miguel Sáchez y Pinillos, Madrid, 1881. Edición facsímil de 2007, Editorial Maxtor, Valladolid.

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