NUEVA BIOGRAFÍA DE FELIPE II   Leave a comment

NUEVA BIOGRAFÍA DE FELIPE II

El hispanista Geoffrey Parker nos regala estas Navidades la biografía de Felipe II, el gobernante que tuvo la responsabilidad de dirigir un Imperio de 50 millones de vasallos.

Parker alude al principio de su libro a un pasaje de las famosas Instrucciones que Carlos V entregó a su hijo cuando asumió el gobierno de España por primera vez, en 1543. Le advertía allí de la dificultad de acertar en las decisiones políticas, a menudo, tan oscuras y dudosas “por estar llenas de confusiones y contradicciones, o por los negocios, o por la conciencia”. El príncipe, que acababa de cumplir los 16 años, comprobaría en muchas ocasiones durante su dilatado reinado, la dificultad del arte de gobierno, en el que se conjugaban la honra personal y dinástica con las necesidades de los vasallos, la seguridad pública y los principios de conciencia.

La originalidad de la biografía del Rey Prudente que Geoffrey Parker nos regala estas Navidades a todos los amantes de la historia moderna radica precisamente en este punto: haber conseguido trazar el recorrido de la formación de un criterio político, el de un gobernante que tuvo la responsabilidad de dirigir un Imperio de 50 millones de vasallos que se extendía por los cuatro continentes. Su desarrollo y maduración en un mundo cambiante que exigió una continua capacidad de adaptación a las circunstancias sobrevenidas y, en fin, la definitiva elaboración de un estilo de gobierno singular, puesto a prueba por los continuas guerras, que en la tercera década de su reinado, cuando las problemas arreciaron, se plasmó en un ambicioso proyecto para conservar la reputación de la Monarquía, como demostró el propio Parker en La gran estrategia de Felipe II (Alianza, 1998).

Felipe aprendió a tomar decisiones, sumando a su innata curiosidad y a una laboriosidad sobrehumana, la experiencia derivada de la propia práctica política de la época, que le convirtió en un experto esgrimidor del secreto y la disimulación como hará patente en el espinoso asunto del matrimonio con María Tudor, en los primeros años de su reinado, o más tarde, cuando reciba la embajada del conde de Egmont en el curso de las primeras negociaciones con los rebeldes flamencos (malogradas, luego, al aplazar indefinidamente la necesaria visita a los Países Bajos). Paralelamente fue aquilatando una estructura de poder en la que supo aplicar con prudencia el deber de consejo, alejándose de la influencia de los grandes y situándose por encima de las parcialidades de la Corte. Cuando las circunstancias así lo exigieron, aplicó el principio del divide y vencerás, con éxitos indudables que refrenaron las aspiraciones levantiscas de Gonzalo Pizarro en el Perú (1545) y de los encomenderos de Nueva España liderados por don Martín Cortés, marqués del Valle (1566), o al final del reinado, cuando tuvo que combinar el rigor de la justicia con la magnanimidad ante complejo problema de las alteraciones de Aragón.

En todas estas crisis Felipe II fue plenamente consciente de los desafíos y los riesgos que entrañaba cada decisión y, a menudo, barajó distintas alternativas antes de tomar una determinación. La racionalidad y la prudencia política no le acompañaron, sin embargo, en dos graves asuntos de Estado que hoy siguen siendo objeto de polémica entre los especialistas: el proceso al arzobispo Carranza y el asesinato político de Escobedo. En ambos casos, el monarca se vio atrapado en la propia malla del secreto de Estado que él mismo había urdido. En el proceso Carranza Felipe II tuvo que declarar como testigo ante la Inquisición, perdiendo la neutralidad y equidistancia entre facciones y poderes, condición de majestad. Era una situación incómoda que aceptó consciente de que no tenía otra alternativa, pues no podía desacreditar a un Tribunal que él mismo había dotado y reforzado. En el segundo caso, el error consistió en apoyar a Antonio Pérez contra Escobedo, lo que levantó la yesca de las enemistades entre los bandos cortesanos, circunstancia que obligó al rey a detener finalmente a Pérez para embozar su consentimiento en la ejecución del primer crimen. Parker aborda con solvencia todas las aristas de este enconado asunto, aportando al lector una reflexión en el apéndice b del libro sobre la autenticidad de los papeles del famoso secretario.

Tras la visión amable de un monarca cortesano y humanista, superado por las tensiones políticas y las guerras, que nos dejó Henry Kamen en su Felipe de España (1997) y el gran paisaje de época que trazara Manuel Fernández Álvarez en Felipe II y su tiempo (1998), Parker recupera, aquí, a un gobernante consciente y responsable de sus actos, que acertara o errase, nunca fue a remolque de los acontecimientos de su época.
Geoffrey Parker Editorial Planeta, 2010. 1.383 páginas. 39 euros

Fuente: Huelva Información.

Publicado 2 enero, 2011 por Andrés Magaña García en Sin categoría

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