ORGANIGRAMA LABORAL DE LA FÁBRICA DEL MONASTERIO DEL ESCORIAL   Leave a comment

La organización laboral seguida en la construcción del Monasterio de El Escorial (1562-1584) presenta en los organigramas que aquí se han elaborado (a partir de las sucesivas Instrucciones de 1563, 1569 y 1572) un claro panorama tradicional (jerárquico) propio de la práctica totalidad de las edificaciones españolas y europeas de los siglos XVI y XVII. Una estructura piramidal en cuya cúspide se sitúan el Monarca (Felipe II) y la figura del Prior del Convento Jerónimo. Un cuerpo intermedio (Congregación), que aglutina en sus diversos departamentos – Contaduría, Veeduría, Pagaduría, etc. – la organización administrativa de la construcción (administración de la justicia, abastecimiento y vivienda de los trabajadores, contratación de efectivos humanos y materiales, etc.); y una base, dirigida al ámbito constructivo, también jerarquizada e integrada por un Maestro Mayor, aparejadores, sobrestantes o capataces, maestros, oficiales y peones. Base que hace posible la culminación del edificio en escaso tiempo si tenemos en cuenta su enorme magnitud.

Sin embargo, esta organización conservadora seguía, por lo que respecta al contexto laboral y constructivo, el esquema de las Obras Reales instaurado ya en la primera mitad del siglo XVI (Alcázar de Toledo, de Sevilla y de Madrid), con la presencia de un maestro mayor que, frente al tradicional "sistema de maestría", ya no contrataba parte alguna de la obra, sino que se obligaba sólo a trazar, dejando a destajeros contratistas la realización efectiva de la obra y el gobierno de los trabajadores a su cargo.

Aquí empezaba a consagrarse la figura del ARQUITECTO que, a diferencia del tradicional MAESTRO DE OBRAS, se empieza a separar del ámbito material y artesanal de la construcción para consolidarse en su labor de tracista, como profesional liberal.

Precisamente, la controvertida posición de Juan Bautista de Toledo como arquitecto y maestro de obras del Monasterio de El Escorial (1563.1567), parece consolidar este salto cualitativo alcanzado por el arquitecto.

En este trabajo tratamos de probar cómo la propia forma de trazar de Juan Bautista de Toledo en El Escorial – enfrentada a la del Rey y su Consejo de Arquitectura y a a la del Prior – sirvió, entre otros motivos, para que dos años después de la muerte de Toledo, en 1569, la figura del maestro mayor desapareciera definitivamente del organigrama de las obras de El Escorial.

Por otra parte, en la siguiente Instrucción, la de 1572, cuando Juan de Herrera se hace cargo de las obras monasteriales, no se halla ninguna mención a la figura del maestro mayor, por lo que Herrera deviene en arquitecto real de todas las obras del Reino; por tanto, separado ya totalmente de cualquier actividad material a pie de obra.

Créditos: José Luis Cano de Gardoqui García Departamento de Historia del Arte Universidad de Valladolid

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