LOS ASOCIOS DE LA UNIVERSIDAD DE LA TIERRA DE ÁVILA – LAS COMUNIDADES DE VILLA Y TIERRA DE LA EXTREMADURA CASTELLANA   Leave a comment

El deseo, las circunstancias, el peligro, el temor o el simple afán de supervivencia, son algunas de las causas que han dado lugar a vocablos tales como Merindad, Comunidad, Universidad, Asocio, Mancomunidad, etcétera. Terminología que, lejos de difuminarse en la opulencia del lenguaje, transciende a la realidad cotidiana que preside la evolución de la Historia, en forma de Instituciones. A excepción de la primera, el resto de expresiones citadas pertenecen a un tronco común; es más, se puede afirmar que todas son titulares de la misma idea que las engendró, sólo que con la transformación propia del tiempo han participado de los cambios del lenguaje, todo ello envuelto, en ocasiones, con el celofán de las leyes vigentes.

Los términos Comunidad y Merindad, si bien difieren entre sí, ambos arrancan de la época aitomedieval, y, en concreto, de la repoblación que tuvo lugar desde las montañas cantábricas hasta el Tajo. Comunidad y Merindad son dos modelos distintos de organización administrativa utilizados en esta repoblación. Existen límites geográficos y cronológicos entre ambos modelos. Así se puede decir que, desde Tordesillas hasta Aranda de Duero, el río Duero constituye la frontera geográfica, es decir, al norte de este río, hay que hablar de Merindades y, al sur, de Comunidades de Villa y Tierra. Pero existe una excepción, las tierras de Curiel de Duero y Roa que, aunque se ubican al norte del río, pertenecen a las Comunidades. A partir de Aranda el Duero ya no es el eje divisorio, de ahí que no sorprenda el hecho de que por el norte del río la mayor parte de la hoy provincia de Soria se encuentre distribuida en Comunidades de Villa y Tierra. Por lo que se refiere a la frontera cronológica, ésta se ve determinada por un hecho histórico: las expediciones de Almanzor. Por eso, al hablar de Merindades hay que señalar las viejas tierras cristianas del siglo VIII con las repoblaciones de los siglos ix y x. Las Comunidades agrupan el nuevo territorio recuperado o ganado durante los siglos XI y XII.

Además de estas diferencias geográficas y cronológicas, existen las propias de dos modelos distintos de organización administrativa. En las Merindades, el sistema político-administrativo estaba formado por el Rey, que tenía todos los poderes políticos, judiciales y militares; los condes, que gobernaban diversas comarcas del reino; los jueces o sayones, que estaban al cargo de los alfoces o suburbios; dentro de los alfoces hay que hablar de aldeas, es decir, centros de población local que tenían su término y su Concejo.

Pero la organización de condados desaparece en el siglo XI y en su lugar aparecen los tenentes, que estarán al frente de uno o varios alfoces. El cargo de tenente pronto fue sustituido por el de merino del Rey. Esto por lo que respecta al modelo político-administrativo ubicado al norte del río Duero, pero, al sur del río, el modelo empleado fue distinto. En vez de condados, alfoces y aldeas, hay que hablar de Comunidades de Villa y Tierra. El eje de este sistema fue la Villa, centro de población con aspiraciones urbanas, que solía tener fortaleza y muralla en torno a toda la población.

Los vecinos de la Villa se organizaban en Concejo y recibían del Rey una amplia extensión de tierras; sobre este territorio ejercían los derechos de propiedad. El concejo estaba a cargo del nacimiento de las aldeas de su tierra, repartía heredades entre los vecinos, destinaba tierras para aprovechamiento comunal y concejil, daba normas jurídicas para la relación de la Villa con las aldeas, etc. Al conjunto de la Villa y de sus aldeas se le denominaba Comunidad de Villa y Tierra. Los Concejos de las Villa únicamente dependían del Rey. 1

Una vez vista la diferencia entre los vocablos Merindad y Comunidad, y con ella el origen de ambos, conviene abandonar el primero para centrarse en el segundo y así poder analizar la sucesión de otros términos que han ido surgiendo. Porque hablar de Comunidad, Universidad, Asocio y Mancomunidad, en definitiva es referirse a la estela de cambios que la Historia ha dejado y que unas veces han afectado a Instituciones ya constituidas, y otras han influido en la denominación de instituciones de nueva creación. Así, cuando se trata de un nacimiento y no de la simple evolución de una Institución, y si entre las causas se encuentra alguna de las señaladas al inicio del texto —el deseo, las circunstancias, el peligro, el temor o el simple afán de supervivencia—, el nombre que adoptan para ser identificadas suele ser alguno de los últimos que lian aparecido. Para clarificar estas afirmaciones sirvan estos datos. El término Universidad se remonta a las fuentes romanas, expresando «la persona colectiva o jurídica, como una entidad claramente definida, con personalidad propia y distinta de la de los diferentes miembros que la integran». Este término se difundió con la recepción romanista de la Edad Media, y, a partir del siglo xii, se aplicó en Cataluña a diversos tipos de corporaciones, siendo la aplicación más generalizada para designar «las comunidades de habitantes de ciudades y villas, en tanto constituían una persona jurídica, aún con anterioridad a la posesión de unos órganos municipales de carácter permanente». Aunque con menor difusión, también adquirió carta de naturaleza en Aragón y Castilla. 2

Otro de los términos contemplados es el de Asocio. Su origen data de la Ley Municipal de 1870, en la que se dice que los Municipios se pueden asociar. Por lo que se refiere al término Mancomunidad, ya aparece en la citada Ley y también en la de 1877, pero su procedencia más clara viene del Estatuto del Calvo Sotelo, aprobado el 8 de marzo de 1924, que en su Capítulo II, artículo 6 dice, entre otras cosas, que «los Municipios podrán mancomunarse libremente, aunque pertenezcan a Provincias o Regiones distintas».3

Las Instituciones ya creadas, han pasado por la práctica totalidad de los términos aquí citados. Algunas de ellas, lejos de ir sustituyendo uno por otro, los han ido acumulando, como queriendo aferrarse a lo que ha sido su propia historia; un ejemplo claro lo constituye la Comunidad abulense, que en la actualidad se denomina Mancomunidad Municipal Asocio de la Extinguida Universidad y Tierra de Ávila.

Las Comunidades de Villa y Tierra, inicialmente tuvieron una finalidad común, la defensa de sus tierras y de aquellas otras que iban reconquistando a los musulmanes. Pero una vez pasado el peligro, la finalidad fue el aprovechamiento comunal de montes, pastos, tierras de labor enclavadas en su territorio, etc. Estas Instituciones han ido evolucionando a medida que la Historia ha transcurrido, y así, primero fueron testigos de su enorme poder y del abuso que sus administradores, los denominados Procuradores Generales de la Tierra, cometieron. Luego, asistieron a la caída de ese poder a raíz de la formación de lo que conocemos como Estado Moderno, y, como consecuencia, a una serie de cambios internos que en unos casos les hizo desaparecer, y en otros evolucionar ostensiblemente.

La Comunidad abulense se encuadra dentro de este último caso. De 1849 a 1919 vivió tres formas distintas de administración. El año 1849 supuso un cambio importante dentro de la Institución, ya que se suprimieron los Procuradores Generales que la Comunidad tenía, haciéndose cargo de la inmediata inspección en la administración de los bienes, Gobernador Civil de la Provincia. Su labor se vio reforzada a partir de 1854 con el nombramiento de un Administrador y de un Depositario. Gobernador Civil tenía, además, el cargo de Ordenador de Pagos.

Avanzando en el tiempo llegamos a 1824, año en que se creó el cargo de Interventor del Asocio, que recayó en un Concejal del Ayuntamiento de Ávila. En esta nueva forma de administración a cargo del Estado, el Gobernador Civil era el auténtico artífice, el principal protagonista de las decisiones que hubiera que tomar dentro de la Institución, lo que producía, con bastante frecuencia, airadas protestas, sobre todo del Interventor.

En 1911, fruto de conflictos internos dentro de la Entidad que serían largos de detallar en estas líneas, la Comunidad abulense vivió una nueva forma de administración, que vino dada por la RO de 6 de junio de ese año. En ella se dispuso que el Asocio de la Extinguida Universidad y Tierra de Ávila, fuera regido por un Consejo de Administración formado por el Gobernador Civil de la Provincia como Presidente, y del que debían ser vocales el Presidente de la Diputación Provincial, el Alcalde de la Capital, el Comisario Regio de Fomento, el Jefe del Distrito forestal de la Provincia y un representante por todos los demás pueblos que constituían el Asocio, por designación que tenían que hacer sus respectivos Ayuntamientos. Esta etapa, que estuvo comprendida entre 1911 y 1919, fue la transición entre la anterior y la siguiente. Ya no se trataba de una administración a cargo solamente del Estado, empezaba a estar compartida con los propios pueblos miembros del Asocio a través de su representante en el Consejo.

Por RO de 20 de junio de 1919 la Comunidad abulense volvió a recuperar aquella forma de administración perdida en 1849; la citada RO concedía la administración a los Municipios que la formaban. La fecha de 20 de junio de 1919 significó para el Asocio la configuración de la forma de administración que iba a regir incluso en nuestro días. Pero, ya no se habló de Procuradores de la Tierra. El artículo 2 del Reglamento dice así: «La Junta se compondrá de dos delegados nombrados por cada uno de los cinco grupos o lotes en que se consideran divididos los bienes que integran la Mancomunidad». 4

Notas

1 Para un desarrollo más amplio véase, MARTÍNEZ DIEZ, Gonzalo, Las Comunidades de Villa y Tierra de la Extremadura Castellana. Madrid, 1983.

2 BLEIBERG, Germán, Diccionario de Historia de España, vol. 3. Madrid, 1981.

3 Tratado en MONTOYA TAMAYO, María Ángeles, Memoria de Licenciatura: Mancomunidad Municipal Asocio de la Extinguida Universidad y Tierra de Ávila en el reinado de Alfonso XIII.

" Los lotes se constituyeron el 8 de diciembre de 1916, en la reunión que tuvo lugar en el Salón de Sesiones del Palacio Consistorial de la ciudad de Ávila, bajo la presidencia de Alcalde D. Cesáreo Nieto Hernández de Lorenzo.

Créditos: MARIA ÁNGELES MONTOYA TAMAYO

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